La profesora de Medicina en Harvard e investigadora del Brigham and Women’s Hospital de Boston Andrea Romanos-Nanclares ha protagonizado este viernes una nueva sesión del ciclo ‘Ciencia y Salud. Investigar para vivir’, organizado por Diario SUR con el patrocinio de Fundación Unicaja y la colaboración de la Fundación CITAC.
Bajo el título Comer para vivir más y mejor, la conferencia ha reunido en Málaga a numerosos asistentes interesados en conocer qué papel desempeñan la alimentación y los hábitos de vida en la prevención de enfermedades y la longevidad saludable.
La bienvenida al acto ha corrido a cargo del periodista Pedro Luis Gómez, junto al director de Relaciones Institucionales y con Stakeholders de Fundación Unicaja, Miguel Gil; y el director científico de CITAC, Emilio Alba, que han acompañado a la ponente en la mesa. Durante su intervención, Gil destacó que para Fundación Unicaja constituye un orgullo contribuir a acercar a la sociedad el talento de científicas como Andrea Romanos-Nanclares, a quienes definió como referentes en los que mirarse y una inspiración para seguir fomentando la cooperación y el desarrollo de las carreras investigadoras. Por su parte, Emilio Alba puso en valor la trayectoria científica de la investigadora, cuyo trabajo conoció a través de una recomendación de Javier Pascual, vicedirector de CITAC. Asimismo, subrayó la relevancia de una temática especialmente expuesta a la proliferación de bulos y mensajes sin respaldo científico, defendiendo la necesidad de escuchar voces rigurosas y autorizadas capaces de trasladar a la ciudadanía el conocimiento basado en la evidencia.

Ya durante la conferencia, Romanos-Nanclares explicó que, aunque la genética influye en la esperanza de vida, no determina por sí sola nuestro futuro. Según señaló, diversos estudios estiman que aproximadamente un 20 % de la longevidad está condicionado por factores genéticos, mientras que el resto depende de elementos relacionados con el entorno y el estilo de vida.
La investigadora abordó también la diferencia entre esperanza de vida y esperanza de vida saludable, un concepto cada vez más relevante en sociedades envejecidas. En este sentido, recordó que el objetivo no debe ser únicamente vivir más años, sino aumentar el tiempo que se vive con buena salud y autonomía, reduciendo la aparición de enfermedades crónicas y situaciones de dependencia.
Uno de los aspectos centrales de la conferencia fue el análisis de las denominadas “zonas azules”, regiones del mundo con una concentración especialmente elevada de personas centenarias, como Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia) o Icaria (Grecia). A partir de la evidencia científica disponible, Romanos-Nanclares explicó que estas poblaciones no comparten un único secreto de la longevidad, sino una serie de patrones de vida comunes.
Entre ellos destacó una alimentación basada principalmente en productos vegetales, el movimiento físico integrado en la rutina diaria, la existencia de un propósito vital, fuertes vínculos sociales y familiares, una adecuada gestión del estrés y un consumo muy reducido de alimentos ultraprocesados. “No hay un único secreto; hay un patrón de vida”, resumió durante su intervención.
La investigadora incidió además en la importancia de entender la alimentación como una herramienta de prevención y salud pública, recordando que numerosos factores de riesgo asociados a enfermedades crónicas pueden modificarse a lo largo de la vida mediante hábitos saludables sostenidos en el tiempo.
La sesión permitió acercar al público algunos de los avances más recientes en el estudio de la nutrición y el envejecimiento saludable, reforzando el objetivo del ciclo ‘Ciencia y Salud. Investigar para vivir’: conectar la investigación científica con las cuestiones que más preocupan a la ciudadanía y fomentar una cultura basada en el conocimiento y la evidencia.





